Gabinete América. Centro de Psicología
Cerrar

Preparar una oposición no es tarea fácil

Empiezas a ser opositor cuando decides prepararte una oposición.
Es posible que hayas terminado una carrera, uno o varios  másteres, o que estés trabajando en una empresa privada, o incluso que ya seas funcionario y quieras mejorar tu vida laboral. Es posible que vivas con tus padres, solo o formes una familia.
Cuando lo cuentas a tus mas allegados, tendrás de todo, gente que te anime y gente que te desanime. Si vives en pareja tendréis que hacer los debidos ajustes en vuestra convivencia para que la oposición no arruine la relación.

Preparar una oposición es una inversión cuyo éxito no lo tenemos totalmente asegurado. Hay muchos factores en juego como:
- Elegir bien el tipo de oposición.
- Nuestras habilidades para el estudio.
- Número de plazas ofertadas.
- Cómo de lucidos y sanos estamos el día del examen.
- Lo bien preparado que vamos.
- Cómo van de bien o de mal preparados el resto de los opositores, etc.

De todos estos factores hay unos que no dependen de nosotros y otros que sí. Nos tenemos que centrar en los factores que SÍ dependen de nosotros : Ir lo mejor preparado posible a pesar de las circunstancias, tanto a nivel de conocimientos, como  estado físico y psicológico para rendir lo máximo en el examen.

 Partimos de una motivación inicial fuerte, hemos barajado la inversión y los beneficios que podemos obtener, lo tenemos claro: “vamos a preparar la oposición”
Durante las primeras semanas te comes el mundo. Estas disciplinado/a, estudias con pocos descansos, pero eres feliz, crees que por fin haces lo que querías. Has encontrado una meta y nada va a detenerte hasta conseguirla. Te visualizas aprobando, la plaza es tuya. A veces puede ocurrir que pienses  que no sea la mejor convocatoria, no pasa nada, estás a tiempo de hacer un cambio de sector o de nivel.

Empezamos con mucha fuerza, pero al cabo de unos  meses la motivación se va desinflando. Hacemos algún repaso y resulta que nos “suena a nuevo”. Salimos a despejarnos y no lo disfrutamos porque “debería  estar estudiando”. Aparecen síntomas de ansiedad, desánimo, mal humor, insomnio, etc.

 Será una buena inversión  mantener la motivación a lo largo del proceso, para no frustrarnos  y abandonar. Para ello necesitamos percibir que tenemos control sobre el proceso, que vamos consiguiendo las metas propuestas, superando obstáculos y contratiempos. En definitiva, sentirnos seguros y satisfechos con el trabajo que estamos realizando y ofrecernos ese autorreconocimiento cada día. Necesitamos trabajar también la recompensa, pequeños premios que nos damos por la labor cumplida, cuidarnos física y emocionalmente.

En definitiva contar con una serie de herramientas que nos ayudarán a llegar a buen puerto:
- Asesoramiento profesional.
- Buenas técnicas de estudio para mejorar el rendimiento.
- Hábito de trabajo, equilibrando objetivos de estudio y salud física y mental.
- Trabajar la persistencia, responsabilidad y conciliación familiar.
- Sobre todo trabajar la MOTIVACIÓN, herramienta que no puede faltar en todo el proceso.

"Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de inteligencia, una inversión que nos acerca a al éxito"